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| Dislaimer: De los personajes, Stephenie Meyer. De la historia, icecoldhamster. De la traducción, Sol. Sinopsis: Cítrios OSs de Edward y Bella en la vida matrimonial. |
‗‖Capítulo 2‖‗
.La venganza de Bella.
Tan pronto como mis manos estuvieron libres nos di la vuelta y me senté a horcajadas en su cintura.
—Mi turno.Colocó sus manos en mis caderas, deslizándolas hacia arriba, para, finalmente, quitarme mi top.
—Tengo que decirlo, Bella, no tenerte atada también tiene sus ventajas —pasó sus manos por mis pechos, tomando uno, lo rebotó ligeramente en su mano, como si lo estuviera pesando. Mis caderas se movieron abruptamente por voluntad propia, apretándose a él. Pellizcó el pezón del otro pecho, rodándolo entre sus dedos índice y pulgar.
—¡Me encantan tus pezones!
Gemí, mis caderas se movieron de nuevo.
¿Había mencionado lo increíblemente fantásticas que eran sus manos?
Sentí que él empezaba a reaccionar y le sonreí con malicia. No había manera de que él tuviera el control en esta ocasión, sólo tenía que mantener el enfoque, mientras hacía que él perdiera el suyo. Pan comido, ¿no?
Comencé a moler mis caderas en un ritmo constante, inclinándome para besarlo. Él, entusiasmado, pasó su lengua por mi labio inferior; esperé unos segundos antes de abrir mi boca y dejarlo entrar. Eché la cabeza para atrás ligeramente, arrastrando mis dientes sobre su lengua. Gimió. Moví la cabeza hacia abajo de nuevo, esta vez capturando su lengua entre mis dientes, y succionándola. Sus caderas dieron sacudidas contra las mías más rápido y se apoderó de mis pechos con más fuerza.
Me tragué un gemido.
Yo tenía el control.
Tenía que mantener mi enfoque.
Apartándome rápidamente, sentí su polla endureciéndose en mis pliegues todavía resbaladizos y sonreí. Así tuve una mejor oportunidad de mantener mi enfoque, sin sus labios, o su lengua, o sintiendo sus gemidos en mi boca.
Dios, lo deseaba.
Creo que quería venganza.
Moví mis caderas de nuevo, frotándome a mí misma en su longitud, antes de bajar y subir otra vez. Traté de hacer caso omiso de mi creciente excitación, cosa que no era fácil con sus manos masajeando mis pechos, o frotando mi clítoris, pero sólo tenía que seguir con esto el tiempo suficiente para estimularlo hasta el punto de la desesperación, y lo haría, tenía que hacerlo.
—¿Qué es lo que quieres, Edward? —ronroneé.
—A ti —gimió.
—¿Qué quieres de mí?
—Quiero estar dentro de ti, Bella.
Llevó sus manos a mis caderas, pero antes de que pudiera tantear y posicionarme bien, me moví.
Salí de la cama.
Se incorporó, con los ojos abiertos.
—¿Bella?
—Esto no sería venganza si obtienes lo que quieres, Edward —me di la vuelta y entré al baño contiguo, asegurándome de menear mis caderas en el camino. Mirando hacia atrás, vi su expresión conmocionada, y a la vez de lujuria.
Cerré la puerta y me dirigí a la ducha. Entrando, abrí el agua fría. No pasó mucho tiempo antes de que él me siguiera, y esta vez yo no iba a ser la que implorara. Cuando oí crujir la puerta, rápidamente abrí el agua caliente. Aguantando una sonrisa, traté de actuar sorprendida cuando la puerta de la ducha se abrió de golpe.
—¿Puedo ayudarte? —le pregunté dulcemente.
—Oh, sí, creo que puedes ayudarme —su voz era áspera, y me costó toda mi fuerza de voluntad no saltarle en ese momento.
Levanté una ceja y pretendí no saber de lo que estaba hablando. Dio un paso, puse una mano en su pecho para detenerlo.
—No tardaré mucho tiempo, puedes ducharte después de mí —me di la vuelta y me incliné para agarrar mi champú de fresas del suelo, pero lo dejé caer tan pronto sentí sus manos en mis caderas, y su dura erección presionada contra mí. Jadeé y me enderecé. Él movió sus manos desde mis caderas para tomar mis pechos de nuevo.
—Creo que debemos compartir —me susurró con voz ronca en mi oído—. Ya sabes, ¿para ahorrar agua?
Oh sí, estaba segura que su única motivación era la conservación del agua.
Mordió mi oído y gemí antes de que pudiera detenerme a mí misma.
—¿Entonces estás de acuerdo conmigo? —chupó en el punto sensible detrás de mi oreja y gemí de nuevo—. Lo tomaré como un sí.
¡Maldita sea, estaba perdiendo el control!
¡Así no era como tenía que ser!
Pellizcó mi pezón y jadeé. Pellizcó el otro y gemí.
¡No era justo! ¿Cómo se suponía que una chica podía ganar algo contra él?
Le oí reírse entre dientes contra la parte posterior de mi oreja. Eso fue el colmo. Tenía que recuperar el control antes de que fuera demasiado tarde.
Me di la vuelta en sus brazos, me estaba sonriendo. Le devolví la sonrisa y me apoderé de su dura longitud con mi palma, su sonrisa se desvaneció y un gemido se escapó de sus labios entreabiertos. Me incliné hacia arriba para mordisquear su cuello, apenas rozando su piel, antes de hundir los dientes más profundo. Sentí su manzana de Adán agitarse, mientras él trataba de contener otro gemido. Empecé a mover mi mano hacia arriba y hacia abajo con lentitud, aflojando mi mano para atormentarlo. Gruñó.
Solamente ese ruido casi me hizo tirarlo al suelo y tomarlo.
Movió su mano, envolviéndola alrededor de la mía con fuerza, y me hizo ir más rápido. Dejé pequeños besos a lo largo de su clavícula antes de bajar y capturar su pezón entre mis dientes. Jadeó y llevó sus dos manos hacia abajo para agarrar mi trasero, liberando mi mano en el proceso. Sonreí contra su pecho, aflojé mi mano y desaceleré mis frotamientos otra vez. Levanté la vista hacia su cara, sus ojos se abrieron de golpe y me fulminó con la mirada.
—Bella —advirtió.
Dejé caer mi mano y le sonreí con dulzura, retrocediendo un paso. Dio un paso adelante. Puse mis manos sobre su pecho, obligándolo a retroceder. Me miró inquisitivamente y abrió su boca para protestar. Llevé uno de mis dedos a sus labios, cortándolo y me puse de rodillas. Escuché cómo su respiración se atascaba en su garganta cuando le lamí desde la base de su polla erecta hasta la punta. Sus manos volaron a mi cabeza, incrustando sus dedos en mi cabello mojado. Metí la cabeza en mi boca y la chupé con suavidad, sus manos se apretaron en mi cabello.
Sabía que él quería que le chupara duro, pero no había forma de que le diera lo que quería, todavía. Primero quería diversión.
Arremoliné mi lengua alrededor de su cabeza, utilizando una mano para acariciar en patrones irregulares toda su longitud aterciopelada. Casi podía sentir la frustración que emanaba de él, mientras trataba de sacudir sus caderas al compás de mi mano.
Solté una risita.
Él soltó un gruñido.
—¡Joder, Bella!
Agaché la cabeza tomando más de él, y moviendo ahora mi mano en compás con mi cabeza, acariciando las partes que no podía alcanzar. Dejé que se moviera al ritmo que quisiera y chupé con más fuerza.
—Oh… Oh, Dios… ¡Bella!
Extendí mi mano y le quité sus manos de mi cabello, y lo liberé con un suave «pop».
—¿Qu? —dijo sin voz.
Me encogí de hombros inocentemente.
—No lo sé Edward, estoy un poco cansada —repetí las palabras que él me había dicho antes y me volteé para hacer frente al agua fluyente, ignorando su gruñido de frustración.
Me volví a agachar para recoger mi champú, pero él me cogió de la muñeca antes de que pudiera agarrarlo. Me dio la vuelta para encararlo y me agarró la otra muñeca, haciéndome retroceder hasta que mi espalda hizo contacto con la pared de azulejos. Sujetó mis manos por encima de mi cabeza con una de las suyas, y me miró. Sentí que me perdía en su ardiente mirada.
—Entonces, tal vez debería despertarte.
Antes de que pudiera responder, aplastó su boca contra la mía, y deslizó una mano entre mis piernas. Comenzó a acariciar mi clítoris, gemí en su boca y subí mi pierna sobre su cadera, dándole un mejor acceso. Él la agarró con la otra mano, liberando las mías. Con mis manos recorrí su musculoso abdomen y su definido pecho, y las apoyé en sus fuertes hombros.
Trabajó su mano aún más rápido, incliné mi cabeza sobre su pecho y gemí. El orgasmo que tan desesperadamente traté de rehusar me estaba alcanzando, y rápido. El intenso placer que sus dedos me daban me dejaba con la mente aturdida.
Ughh, manos sexys de doctor.
—Edwarrrd… voy… voy… —era increíble cómo cosas tan sencillas como el respirar y el hablar se hacían tan difíciles de hacer a cinco segundos de un orgasmo.
Apartó su mano rápidamente, y subí mi pierna más arriba de su cintura. Seguí parada en mi otra pierna, ahora de puntitas. Él inclinó sus caderas hacia abajo y empujó dentro de mí con un movimiento uniforme. Gemí y eché la cabeza para atrás, pude oír el sonido que hizo contra el azulejo, pero no sentí nada debido a la vibrante necesidad que sentía por Edward.
Retrocedió y entró en mí fuerte y rápido, yo rebotaba un poco más alto de puntillas cada vez que arremetía contra mí.
Dios, ¡me encantaba cuando era rudo!
—Uhh, Bella, joder, ¡eres tan estrecha y caliente! —gimió.
Lloriqueé. Me volvía loca cuando decía obscenidades.
—Bellahhh, no creo… que… aguante mucho…
—Frótame —le supliqué en voz baja—. Así como lo hiciste antes —no perdió tiempo en hacer precisamente eso, gemí fuerte—. Haz que me venga, Edward.
Gruñó, al mismo tiempo que me penetraba y frotaba con furia mi demasiado sensible clítoris. Mi respiración era tan rápida que ni siquiera estaba segura de si seguía haciéndolo.
Arremetió una vez más y gritó mi nombre, no me tomó mucho tiempo seguirlo. Grité su nombre cuando me llegaron las olas de placer que me daba. No dejó de trabajar con su mano hasta que yo no era más que un charco de Bella siendo sostenido sólo por él. Nos bajó a los dos al suelo suavemente y esperó a que mi cerebro empezara a funcionar de nuevo antes de decir:
—Sí, definitivamente deberías de ser mala más a menudo.


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